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Cuatro Siglos de toros en Ciudad Real.
Se dice que el Cid Campeador, fue un torero consumado, y
así nos lo refleja el celebre Moratin, en un poema titulado
“Fiesta antigua de toros”, donde se nos describe al héroe
castellano, lanza en puño, montado sobre un fogoso caballo,
desplegando su valor y destreza contra las fieras más
temibles.
Esta costumbre tan española de
enfrentarse un hombre con un animal tan bravo y fiero como
es un toro, ha ido evolucionando, teniendo distintos
escenarios y motivaciones cambiantes.
Hacia la mitad del siglo XVI,
la afición a las corridas de toros se había hecho general en
toda España. De tal forma que no había gran acontecimiento
o solemnidad, tal como, el casamiento de un príncipe o el
recibimiento de un rey, que no fuese realzada con la
celebración de festejos taurinos.
En tiempos de Carlos II las
corridas de toros ya habían alcanzado todo su apogeo y
esplendor.
Ciudad Real, no estuvo de
espaldas al florecimiento de este espectáculo, que fue tan
del gusto de la nobleza como de las clases trabajadoras. Y
desde los últimos años del siglo XVI y primeros del XVII, se
celebraban “Funciones de toros” tanto de carácter ordinario
( las que se celebraban todos los años en fecha determinada)
como las de carácter extraordinario.
Así tenemos como Ciudad Real
celebraba en su Plaza Mayor, festejos taurinos los días 15 y
16 de agosto. El día 15 de Agosto, festividad de la patrona
de la ciudad “Nuestra Señora del Prado”, la ciudad celebraba
en su honor un festejo taurino; y al día siguiente,
festividad de San Roque, también se celebraba otro festejo,
pero en este caso, en cumplimiento de un antiguo voto de la
ciudad a este Santo, en agradecimiento por su intercesión,
cuando la peste, en cualquiera de sus manifestaciones
comenzó a atacar al vecindario de Ciudad Real, quienes
encomendaron sus oraciones y ruegos a San Roque, reconocido
e instituido interceptor eficaz contra tan mortífera
dolencia.
Existe constancia de las corridas de toros que se celebraron
en Ciudad Real en Agosto de los años 1612, 1619, 1622, 1625
etc. Precisamente en el libro de actas del Ayuntamiento
capitalino, consta que en el año 1619, debido a que las
arcas municipales estaban muy mermadas, con lo cual no
podían hacer frente a los cuantiosos gastos que originaban
las corridas de toros, |
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Don Fernando Treviño ofreció dos toros
para la fiesta de Nuestra Señora del Prado y Don Alonso de
Céspedes ofreció igualmente otros dos toros. Todo ello para
evitar que Ciudad Real se quedase sin festejos taurinos en
fechas tan señaladas.
Como decía el dicho popular
por aquella época: “No hay feria sin toros”, Ciudad Real que
tenía una prestigiosa feria de ganado, también gozaba de la
fama de buenas corridas de toros; siendo estos festejos el
acto profano más importante de todos los actos de la feria.
Se anunciaban al amanecer con lanzamiento de pólvora. A
media mañana tenía lugar el encierro de los toros que
discurría desde el corral que estaba situado en la calle del
Carmen ( posteriormente se encerrarían en el callejón de la
Merced) hasta los toriles situados junto a la Plaza Mayor.
Los festejos taurino van
evolucionando, a finales del siglo XVIII entran en escena
“los picadores”, los caballeros nobles van siendo
sustituidos por toreros a pie. La fiesta tiene momentos de
esplendor y momentos que sufre prohibiciones, etc. Pero la
fiesta ya había arraigado en la población y no era fácil
eliminarla de un plumazo.
En Ciudad Real además de los
festejos de carácter ordinario que hemos citado, también se
celebraban otros muchos de carácter extraordinario, como el
que tuvo lugar en el año 1732, para recaudar fondos y
destinarlos a los gastos que se ocasionasen en el dorado del
Retablo de la parroquia de Santiago.
Todos los festejos taurinos
que se realizaban en Ciudad Real tenían lugar en su Plaza
Mayor, donde de antemano todas las autoridades, tanto
civiles, militares y eclesiásticas, tenían reservados sus
sitiales, existiendo algunos pleitos por no respetar
debidamente estos aposentos.
En el año 1844 Ciudad Real
inauguró su primera Plaza de Toros, ya por esa fecha, eran
muy conocidas y afamadas las corridas de toros de Ciudad
Real, tradición y fama que fue en aumento según pasaban los
años. La animación y bullicio que había en Ciudad Real cada
vez que se anunciaban festejos taurinos era conocida en toda
la provincia.
Como ejemplo de lo acabado de
indicar, basta señalar que en el año 1926 ( al igual que
otros muchos años anteriores y posteriores) se ponía un tren
especial que partiendo de Manzanares a las 11,45 horas,
tenía parada entre otros pueblos en Daimiel, Almagro,
Miguelturra, llegando a Ciudad Real a las 13,25 horas, con
el fin de asistir a sus corridas de toros. El regreso se
efectuaba una vez acaba la corrida en el “correo” que salía
de Ciudad Real a las 21,30 horas.
La celebración de corridas de toros en
Ciudad Real, coincidiendo con sus ferias y fiestas, ha sido
una costumbre que no ha desaparecido, sigue siendo el acto
profano central del programa ferial, aunque sí han cambiado
las fechas, ya no se celebran como era tradicional el día 15
y 16 de Agosto, sino que se anuncian a lo largo de la semana
festiva.
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