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Religiosidad popular: la
exteriorización de nuestra fe.
En un sentido amplio y general, cuando hacemos alusión al
concepto de “Religiosidad Popular”, estamos haciendo
referencia expresa a la religión que practica y profesa el
“Pueblo”; sin que ello lleve consigo un enfrentamiento o
distanciamiento con las autoridades eclesiásticas, o se
interprete como una concepción distinta de entender la Fe,
con respecto a otros cristianos.
Por
razones culturales y de tradición, al hablar de religiosidad
popular, nos fijamos en la religiosidad popular relacionada
con la Iglesia, y en nuestro caso concreto con la Iglesia
Católica.
Cuando
nos referimos a la religiosidad Popular Cristiana ó
catolicismo popular, tenemos que descartar rotundamente, el
pensar que defendemos o practicamos una religiosidad
distinta o paralela a la religión oficial, o que existe una
tajante y manifiesta separación entre la religión oficial y
religiosidad popular. Nada más lejos de la realidad,
apostillamos una afirmación: la religiosidad popular
católica vive con Fe y convencimiento la religión; y lejos
de estar opuesta a la canónica o religión oficial, es un
natural complemento a nuestras creencias que lleva consigo
un valor añadido: la transmisión de padres a hijos a través
de la historia y la tradición de una costumbre y forma de
sentir la religión, que ha reforzado nuestra Fe.
Lo que sí
descartamos de plano, son las opiniones de aquellas personas
que entienden que la religiosidad popular es producto de una
inculturación.
Actualmente todo el conjunto de actos, creencias,
devociones, hermandades, etc., que se ha dado en llamar
genéricamente, “religiosidad popular”, siguen los cauces de
la religión oficial y hay una preocupación cada vez mayor,
por parte de las Cofradías y Hermandades de celebrar actos
más en consonancia con las formas canónicas, tales como,
Triduos, Quinarios, Septenarios, Vía Crucis, etc., todos
ellos previos a la procesión penitencial, para una mayor y
mejor preparación interna, de cara a la manifestación
pública de penitencia a celebrar.
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No dudamos que
tiempos atrás, y puede que aún queden algunas
reminiscencias, existiesen ciertos comportamientos, ritos o
actos muy vinculados a las creencias y tradiciones
religiosas de determinados pueblos, que estuviesen
distanciados del verdadero sentido del cristianismo; para
ello estamos asistiendo a una depuración de formas de
religiosidad popular, tanto por la acción pastoral de
autoridades eclesiásticas, como por olvido de costumbres de
otro tiempo.
La
religiosidad popular, responde a una religiosidad afectiva,
donde su principal característica es exteriorizar y sacar a
la calle sus más íntimos sentimientos, haciendo publica su
Fe.
Dentro
de las distintas facetas que puede presentar la religiosidad
popular, vamos a referirnos de manera muy particular a la
religiosidad de tipo colectivo, es decir, Hermandades y
Cofradías.
Las
Cofradías religiosas con sus imágenes se constituyeron en
cauce organizativo de la religiosidad popular. Tanto en la
religiosidad popular individualmente concebida, como en las
Cofradías y Hermandades, tienen un papel destacado las
imágenes. Por medio de estas se puede elevar el sentimiento
religioso individual, para lo que es muy importante
esforzarse y procurar dar un sentido estético y expresivo a
las representaciones religiosas.
La
religiosidad popular antes de que llegara la Reforma
religiosa en Centroeuropa, buscaba una forma de expresión
penetrante y a la vez pretendía entender mejor sus
sentimientos de piedad utilizando las imágenes.
San
Juan de Avila en aquellos tiempos de lucha para evitar la
escisión religiosa, consideraba útil con fines catequistas
el uso de la imágenes frente a los protestantes, que veían
que con ellas se llegaba a la idolatría.
La Pasión,
Muerte y Resurrección de Cristo, a través de las imágenes
policromadas y barrocas se acercaba al pueblo de muchas
formas expresivas: Cristos agonizantes, sufrimientos de
Vírgenes que han de acompañar a Cristo en su Pasión, etc. El
pueblo ve en estas representaciones todo el drama Pasional y
lo vive.
Por ello afirmamos, que las representaciones pasionales de
Semana Santa, donde con el sufrimiento y sacrificio se hace
penitencia, son una muestra característica de la
religiosidad popular, constituyendo una verdadera catequesis
en la calle, por lo que ante los ojos de los que contemplan
los desfiles procesionales, debemos esforzarnos en dar
testimonio cristiano y cofrade ante este mundo cada vez mas
materialista y desentendido del sufrimiento humano.
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