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Pregón de la Cruz de Mayo
Ya estamos a
treinta
del abril
cumplido,
mañana entra
mayo
de flores
vestido.
Mayo, mayo,
mayo
bienvenido
seas,
alegrando
valles,
caminos y
aldeas.
Así comienzan
muchas de las letras de los mayos, que cada año, al llegar
la noche del 30 de abril, jóvenes y mayores, cantaores y
tocadores, todos en unión, formando cuadrilla o rondalla,
recorren nuestras calles interpretando con emoción y
sentimiento, estos antiquísimos cantos en busca del balcón
de su moza o el camarín de su patrona.
Un año más, en
esta mágica noche, los mayeros lanzaran al aire sus coplas,
que al compás de los rasgueos y trinos de sus guitarras y
bandurrias harán posible que disfrutemos de las más bellas
composiciones que la sabiduría y talento popular han creado.
Una vez que el
invierno ha sido vencido, empieza a despertar la primavera.
Los campos echan sus primeras flores y nos muestran todo su
esplendor, surge entonces uno de los cantos de ronda más
característicos y populares de La Mancha.
La fiesta de
Los mayos es al mismo tiempo, canto a la primavera, galanteo
de mozas y exaltación religiosa. Es una fiesta para los
sentidos, una vorágine de perfumes y de esencias, un
encuentro con costumbres ya desaparecidas y un recital de la
música tradicional manchega.
La celebración
de los mayos manchegos, guarda en sí una constelación de
matices, de una asombrosa riqueza cultural y humana.
Los Mayos son
cánticos dirigidos a mozas asomadas a ventanas enrejadas,
rondas nocturnas en las que el tañido de la guitarra rasga
el aire sereno, serenatas nocturnas envueltas en aliento de
primavera. Madrugadas de paseos, noches encendidas de
hogueras, patios engalanados y cruces de tomillo y brezo.
El mes de mayo
es un mes en el que se festeja primorosamente el esplendor
de la naturaleza y el amor. Porque Mayo fundamentalmente es
el florecimiento de la vegetación, o sea, la regeneración de
la vida.
Si hay una
tradición de carácter festivo y religioso que tiene
profundas raíces en el tiempo, ésa es sin duda la fiesta de
los Mayos y Cruces.
Las fiestas de
mayo, como muchas otras que se incluyen en nuestro
calendario gregoriano, tuvieron un origen que va mucho más
allá en el tiempo del que se corresponde con la era
cristiana.
Mucho se ha
especulado e indagado sobre el verdadero origen y fundamento
de esta fiesta. Muchas son también las tesis y suposiciones
que nos podemos encontrar; pero, la opinión dominante
piensa, que las raíces de esta celebración, hay que
buscarlas en una fiesta que se celebraba en Roma dedicada a
“MAIA” que era una ninfa griega, que con el transcurrir del
tiempo se vino a identificar con la Diosa Romana del mismo
nombre.
El símbolo de
la fiesta era un árbol, el Mayo. Al terminar las fiestas, se
acostumbraba quemar el tronco del árbol del año anterior.
Este hecho, era un acto de regeneración por el fuego; pues
las hogueras, las ascuas y las cenizas poseen virtudes que
provocaban el crecimiento de las mieses y el bienestar de
hombres y animales.
Del culto al
árbol se pasa al culto de la Cruz. Los autores cristianos a
partir del siglo III, hacen propia esta conmemoración
profana y asimilan la fiesta pagana de Maya, a la exaltación
de la Cruz.
De la
antigüedad del canto de Los Mayos en España, tenemos
abundante documentación y referencias literarias. La más
antigua de ellas la encontramos en las cantigas del rey
Alfonso X El Sabio. También hallamos testimonios escritos en
el romancero español, y sobre todo en la literatura de los
siglos XVI y XVII.
La fiesta de
los Mayos, se encuentra muy extendida por toda la geografía
nacional. En nuestra Comunidad Autónoma es muy celebrada,
pero posiblemente la provincia de Ciudad Real, sea donde más
auge y difusión haya adquirido. Es difícil encontrar un
pueblo de la provincia, donde no se celebren o hayan
celebrado en tiempos pasados los mayos.
Esta peculiar
celebración cargada de simbología y rituales, tiene lugar
durante el último día de abril y los primeros días del mes
de mayo. Se ha convertido en una de esas bellas tradiciones
que, afortunadamente, ha sabido sobrevivir al paso del
tiempo.
Son numerosos
los pueblos de la provincia de Ciudad Real que viven
intensamente esta fiesta, y en todos ellos encontramos
matices diferentes. Cada localidad celebra la fiesta a su
manera, le imprime su propia personalidad que hace que las
cruces y mayos de una localidad sean diferentes a la de
otra. Es la grandeza de nuestras tradiciones y folclore.
Estos cantos
trovadores, brotan a impulso de afecto y sentimiento de los
sencillos corazones de la gente del pueblo.
Su canto es
popular, ancestral, propio, destemplado, pero con afables
expansiones rítmicas, cadenciosas, laborantes de sencilla
pasión. Con rumores de besos, con insinuaciones de amor.
Notas que llegan al alma, abriéndola de par en par y
predisponiendo el corazón al puro afecto.
Los Mayeros
suelen acompañar sus cantos, que son canciones de ronda, con
guitarras, laúdes, bandurrias, violines, baqueta y otros
instrumentos y elementos de percusión, que en algunas
ocasiones son fabricados o improvisados por el propio
“tocador”. Acostumbran a cantarse
en coro, aunque
no faltan mayos que alguna de sus estrofas son interpretadas
por un solista.
Al estudiar las
letras de los Mayos, lo primero que salta a la vista es su
riqueza de matices, el exacto empleo del vocabulario, la
originalidad de sus letras. Detalles que se revalorizan, si
pensamos que fueron concebidas por las sencillas gentes del
pueblo, muchos de ellos, posiblemente, no sabrían leer ni
escribir.
Los temas que
plasman los mayos en su texto son muy variados. En una
primera clasificación, podríamos distinguir dos grandes
grupos: los de tema religioso y los de temática profana.
Dentro del
bloque religioso, predominan aquellos Mayos dedicados a la
Santa Cruz y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y los
interpretados en honor y alabanza de la Virgen María en
cualquiera de sus advocaciones.
Mencionando a
los de tema profano, señalar que proliferan aquellos cuyas
canciones aluden a la exteriorización de los sentimientos
amorosos, es decir, aquellos mayos que tienen como
destinatarios a la mujer.
En el denso
grupo de mayos referidos a la Santa Cruz, nos encontramos
con hermosas estrofas referidas al madero donde crucificaron
a Jesús, escritas con verdadero sentido de oración y
alabanza. Por ejemplo:
Gracias a Dios
que he llegado
a esta casa de
oración,
a cantar al
crucifijo
las coplas de
su pasión.
Cruz Bendita y
venerada
por todo el
pueblo cristiano,
que tuviste a
Jesús
clavado de pies
y manos.
El Señor
Sacramentado
nos de su
Divina Luz
para cantar
este Mayo
a la Santísima
Cruz.
Y por eso te
cantamos
el Mayo a ti,
Santa Cruz,
que es lo que
más veneramos
Porque en ti
murió Jesús.
En ocasiones
hallamos mayos, cuyas letras están dedicadas a la Pasión de
Cristo. En Porzuna, concretamente, se canta un mayo titulado
“El arado”, donde se establece un paralelismo entre la
Pasión de Jesús y profesiones o aspectos del mudo rural.
Veamos algunas
estrofas de este curioso mayo:
Un arado
pintaré,
de piezas lo
iré formando
y de la Pasión
de Cristo
misterios iré
explicando.
Los “bueyes”
son dos ladrones
que le llevan
arrastrando,
desde la casa
de Anás
a la casa de
Pilatos.
El “timón”
largo y derecho
que así lo pide
el arado
que es la lanza
que atraviesa
a Jesucristo el
costado.
Los “terrones”
que levanta
el gañan con el
arado,
significará la
losa
con que a Jesús
le taparon.
El gañan es el
Cirineo
que siempre le
va ayudando
a llevar la
cruz a cuestas
de madero tan
pesado.
Es difícil
encontrar una localidad en nuestra provincia, que no tenga
un mayo dedicado a su patrona. Los mayos cantados en honor
de la Virgen María, están cargados de sentimiento, alabanza
y súplicas a la Reina de los Cielos. Todos ellos suelen
tener en común, que sus letras, sirviéndose de metáforas y
piropos van describiendo con sumo gusto, las facciones y
partes del cuerpo. Es lo que se llama mayos de retrato. En
definitiva son romances de agradecimiento y exaltación de la
Virgen María.
Abriré mis
labios
con tanta
alegría,
por cantarte el
mayo
¡oh Virgen
María!
Son tus ojos
dos luceros
que parecen dos
estrellas,
que alumbraron
al Señor
La noche de las
tinieblas.
Tu pecho
Señora,
claro
manantial,
que a tu
hermoso Niño
dieron de
mamar.
Son los dientes
de la Virgen
angelitos de la
gloria
que adornan con
perfección
la hermosura de
su boca.
Quedaos con
Dios Señora
con Dios Señora
del Prado
que otro año
volveremos
a cantarte
nuestro mayo.
Abandonando por
un momento los mayos de tema religioso, nos vamos adentrar
en los de tema profano. Aquí nos vamos a encontrar mayos
cargados de
sentimiento y afecto; se ensalza la belleza y virtudes de
las mozas que van a ser rondadas. Son los mayos dedicados a
la mujer, en ellos, estrofa tras estrofa, se va a ir
describiendo y piropeando las partes más bellas y agraciadas
de las damas pretendidas.
Tu pelo es
madeja
de oro fino y
se desparce,
y vos sois una
esmeralda
que os adora un
firme amante.
Esos son tus
labios,
son dos
picaportes,
que cuando los
cierras
siento yo los
golpes.
Tu cintura
redelgada
como junco de
ribera,
entre todas las
mujeres
tu, te llevas
la bandera.
Tu nariz es tan
perfecta
no la puedo
distinguir
si es de oro,
si es de plata
de alabastro o
de marfil.
Previo al
inicio del canto de los mayos, se suele interpretar una
folia, es decir, una estrofa que hace las veces de
introducción, cuyo texto, frecuentemente va dirigido a la
Virgen María. |
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No es extraño,
encontrarnos este paralelismo entre Mayos y devoción
mariana. Sobre todo, si atendemos a la simbolización del
árbol de mayo como regenerador de vida vegetal y la Virgen
María regeneradora de vida como Madre, con el mes más
lluvioso y regenerativo del solsticio de primavera, como es
Mayo. Veamos estos ejemplos de folias:
Para dibujar el
mayo,
en esta tu
santa casa,
madre mía del
Rosario
dame tu divina
gracia.
María, Madre de
Dios,
hermosa Virgen
del Carmen,
aquí tienes a
tu pueblo
que viene un
mayo a cantarte.
Gracias a Dios
que he venido
gracias a Dios
que he llegado
a cantarle el
mayo hermoso
a la Virgen del
Rosario.
Como ocurre en
todas las facetas del folclore manchego, ya que es, elemento
intrínseco a la idiosincrasia de nuestras gentes, los mayos
no podían estar exentos de la socarronería, picaresca e
ironía, de la que hace gala nuestro cancionero tradicional.
No es extraño, por tanto, que encontremos muchas estrofas
mayeras cargadas de humor y picardía.
Nos servirán de
ejemplo las siguientes cuartetas:
Dicen niña que
hay
un ratón en tu
cuarto,
deja la puerta
abierta
yo seré el
gato.
Ya vamos
llegando
a partes
ocultas,
donde nadie
puede
dar las señas
justas.
Ya llegué a lo
oculto
y aquí me paré,
cosa que no he
visto
dibujar no sé.
Una nota muy
característica y generalizada en nuestros mayos, es que una
vez cantada la folia, y previo al canto del mayo, se
introduce una estrofa (de cortesía), pidiendo permiso o
licencia al dueño del local, autoridad o párroco, para
empezar a cantar el mayo. Por ejemplo:
A tu puerta
llego
a cantar el
mayo
y sin tu
licencia
no podré
cantarlo.
Cuando no
responde
la señora dama,
es señal que
tengo
licencia
otorgada.
A cantar el
Mayo
señores venimos
y para cantarlo
licencia
pedimos.
A tu puerta
hemos llegado
cuatrocientos
en cuadrilla
si quieres que
nos sentemos
saca
cuatrocientas sillas.
Para el
cristiano católico, mayo también es el mes de la Cruz,
declarado Símbolo supremo para todo el mundo Cristiano desde
el II Concilio de Nicea (787)
Por eso la
fiesta de Los Mayos no se limita solamente al cántico de
estas tradicionales canciones, sino que encierra en torno a
sí, un abanico amplio de tradiciones y costumbres. Cada
localidad goza de sus propios ritos y formas de celebrar
estos días; usanzas que teniendo una fundamentación común,
están revestidas de actos y tradiciones que las hacen
distintas y peculiares. Entre ellas destaca sobremanera, la
instalación de la Cruz de Mayo, que tiene su celebración
cumbre en la festividad de la Santa Cruz.
Con el nombre
de Cruz de Mayo, nos referimos a las cruces que se instalan
o visten, en diferentes lugares de nuestras ciudades para
adorar y homenajear al Símbolo central del Cristianismo. En
esta celebración, nos vamos a encontrar la Cruz sin la
imagen de Jesús. El centro de culto y adoración va a ser
sencilla y llanamente la Cruz.
Por
consiguiente, podemos afirmar que la naturaleza de las
cruces de mayo es la exaltación de la Santa Cruz, referencia
sagrada para todo cristiano, en la cual Jesucristo fue
crucificado.
La costumbre de
instalar o hacer una Cruz, es tan antiguo como los mayos
mismos. Desde tiempo inmemorial la iglesia ha celebrado el
día 3 de mayo, la fiesta de la invención de la Santa Cruz,
como consecuencia, de la creencia del hallazgo en el año
326, por Santa Elena, madre del Emperador Constantino, de la
“verdadera Cruz” en la que fue crucificado Jesús. La halló
en un paraje desolado y frío, en medio de un extraño
resplandor. La mujer extasiada y conmovida, quiso adornarla
con sus joyas, para así hacer un acto de homenaje y
reconocimiento.
Quizás este
hecho testimonial de Santa Elena, sea motivo suficiente para
que en nuestros pueblos esté tan arraigada la costumbre de
montar, vestir y adornar las cruces tanto en los templos
como en los hogares, calles y plazas.
Las Cruces -la
sustitución del árbol de mayo por la Cruz- son celebradas
con gran tradición y devoción de forma especial en la mitad
sur de la península. Famosas y conocidas son las fiestas de
las cruces en Andalucía, Castilla La Mancha y Extremadura.
El por que de
la celebración de las Cruces de Mayo en esta zona de la
península, pueda deberse, a que una vez expulsados los moros
y judíos de España, quedó abundante población de ambas
culturas en la parte sur peninsular. Las autoridades, y los
mismos cristianos nuevos, tuvieron especial empeño en hacer
que la gente adorara al símbolo más alto del cristianismo.
Por lo que se celebró con especial interés la fiesta de la
Santa Cruz.
El poner una
Cruz tradicionalmente, ha estado motivado casi siempre por
el cumplimiento de una promesa que se hiciera un día con fe
y cuyo móvil suele centrarse en factores de infortunio o
cuando la enfermedad ronda a la familia.
La forma de
vestir o instalar una cruz, va a diferir mucho dependiendo
del lugar a que hagamos mención. Según la localidad, nos
vamos a encontrar con unas determinadas formas estéticas a
la hora de vestir y adornar la Cruz. Pero si tomamos como
referencia a las artísticas y populares Cruces de
Piedrabuena, observaremos, que desde tiempos remotos, son
dos las variantes que se presentan en el montaje de las
Cruces: de tela o de brezo.
Tienen las de
tela un cielo raso impecablemente construido por sábanas de
hilo. Las paredes laterales son revestidas con vistosas
colchas de seda y crespón. El altar sobre el que va a
descansar la Cruz, suele estar construido a distintas
alturas y revestido de telas y encajes. La Cruz se sitúa en
el tramo más alto y es acompañada de imágenes de Santos y
otros objetos religiosos.
Para las
denominadas de brezo, son los productos de la naturaleza los
principales componentes de su revestimiento y ornato. Y
dentro de los mismos el brezo como fruto capital; sin que
por ello falte el romero y la madroña, la ajedrea y el
tomillo e incluso algún pequeño chaparro o jara.
El monte impone
aquí su representatividad; y del mismo modo que en las de
tela predomina en su adorno la imagen y el símbolo
religioso, en las de brezo, aunque preside igualmente la
Cruz, hallamos con frecuencia las figuras silvestres
disecadas de perdices, liebres o conejos. También nos
encontramos con frecuencia, nidos con huevos de pájaro y
estanques, ríos y pequeñas cascadas de agua.
A la entrada de
las casas donde se han instalado cruces, independientemente
de la modalidad por la que se haya optado, nos vamos a
encontrar plantas silvestres y aromáticas que impregnan la
estancia de tan agradable perfume, que el visitante lo
percibe ya desde la propia calle.
Las
habitaciones de las casas donde ha de colocarse la Cruz,
cuya colocación es debida, como ya he mencionado antes, a
promesas hechas por desgracias sufridas o esperanzas
realizadas; se van adornando con suma paciencia y lentitud y
cuidando todos los detalles, por las personas que ofrecieron
la promesa, ayudadas por vecinas, jóvenes y mayores. Toda
colaboración es poca para conseguir que la estancia luzca
dignamente y acoja majestuosamente a la Santa Cruz.
Tampoco faltan
Cruces de Mayo sobre las que se depositan alhajas,
candelabros, objetos de plata etc. Que al contemplar el
adorno quedamos sobrecogidos, maravillados e impresionados.
Las Cruces
están abiertas toda la noche al público. Hasta el amanecer,
es un continuo ir y venir de gentes que van visitando de una
en una las cruces instaladas en la localidad.
Lo extraño de
esta fiesta, o quizás lo bonito, es la conjunción de lo
religioso y lo profano. Es el contraste que ofrece la
religiosidad del acto. Ese momento, en el cual los que están
orando y adorando la Santa Cruz, son interrumpidos por los
sonidos de la rondalla y las voces de los mayeros, que
entonan sus mayos, sin duda, otra forma de rezar. Y todos
emocionados, observamos como se rinde homenaje a la Cruz,
mediante las canciones que entonan nuestras gentes, que no
es otra cosa que decir en voz alta lo que nos manifiesta el
corazón.
El secreto de
esta fiesta esta en la simbiosis de lo religioso y lo
mundano, de la oración y la fiesta, del rezo y el cántico.
Ciudad Real, es
una ciudad con tradición de Mayos y Cruces, prueba de ello,
es el hecho más que simbólico, de tener una céntrica calle
con el nombre de la Cruz.
Pero por
motivos que no procede analizar en este momento, lo cierto
es que esta costumbre desapareció en el segundo tercio del
siglo XX.
En el año 1970,
la Asociación de Coros y Danzas de Ciudad Real y su Grupo
Mazantini, recuperó la tradición de cantar los Mayos, para
ello acudió en la última noche del mes de abril, a cantarlos
a los pies del camarín y ante nuestra Patrona la Virgen del
Prado. Esta costumbre rebrotó con fuerza y cada año son más
las agrupaciones y público que acuden a este simbólico y
entrañable lugar para entonar y oír el canto de los mayos, y
proceder a continuación a visitar las cruces instaladas en
la ciudad.
En el año 1989,
la Federación de Peñas de Ciudad Real, presidida entonces
por quién os habla, y con el fin de recuperar la fiesta en
su integridad, decidió instalar una Cruz de Mayo en la Plaza
Mayor. Esta iniciativa fue muy bien acogida y aceptada.
Despertó el interés de Asociaciones, Centros culturales,
Peñas, Hermandades, Parroquias, por recuperar esta tradición
olvidada, y adquirieron el compromiso de instalar su Cruz de
mayo todos los años.
La Peña “Santo
Tomás de Villanueva” integrada en la Asociación de vecinos
del mismo nombre y perteneciente a la Federación de Peñas de
Ciudad Real, sensible y amante como pocas, de nuestras
tradiciones y costumbres, pronto se hizo eco de esta
tradición.
Hace cinco años
instaló y ornamentó por primera vez, en el seno de su
asociación, una Cruz de Mayo. Fue montada de forma original,
creando un estilo propio, rezumando mancheguismo por los
cuatro costados. Fue vivamente elogiada por cuantos la
visitaron. Desde este momento no han faltado a su cita
anual, cada treinta de abril.
En esta noche
donde entra mayo y se despide abril, nos vuelven a
sorprender gratamente, con esta popular y peculiar Cruz de
Mayo, fruto del trabajo, imaginación y sacrificio de los
vecinos de esta barriada, que es la mía, que robando tiempo
a sus familias lo dedican a revestir y adornar este
habitáculo, para que durante unos días acoja la Santa Cruz
donde Jesucristo murió por la salvación del mundo.
Podemos
afirmar, sin lugar a equivocarnos, que hoy día es la Cruz de
cuantas se instalan en Ciudad Real, que más visitas recibe,
que más interés despierta y más elogios cosecha.
Esta Cruz de
Mayo, hecha con destreza, paciencia y gusto, es un motivo
mas, para que los vecinos de las barriadas que componen esta
Asociación, nos sintamos orgullosos del barrio que tenemos.
Todo ello hay
que agradecérselo a esta activa e incansable asociación de
vecinos, que perfectamente dirigida por su Junta Directiva,
nos hace disfrutar y revivir año tras año nuestras antañonas
tradiciones.
¡Enhorabuena
por conservar con tanta pureza nuestras tradiciones!
Lugar:
Asociación de Vecinos Santo Tomas de Villanueva (PIO XII)
30-04-2004
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