RAFAEL CANTERO MUÑOZ

Cuatro Siglos de toros en Ciudad Real


Se dice que el Cid Campeador, fue un torero consumado, y así nos lo refleja el celebre Moratin, en un poema titulado “Fiesta antigua de toros”, donde se nos describe al héroe castellano, lanza en puño, montado sobre un fogoso caballo, desplegando su valor y destreza contra las fieras más temibles.

Esta costumbre tan española de enfrentarse un hombre con un animal tan bravo y fiero como es un toro, ha ido evolucionando, teniendo distintos escenarios y motivaciones cambiantes.

Hacia la mitad del siglo XVI, la afición a las corridas de toros se había hecho general en toda España. De tal forma que no había gran acontecimiento o solemnidad, tal como, el casamiento de un príncipe o el recibimiento de un rey, que no fuese realzada con la celebración de festejos taurinos.

En tiempos de Carlos II las corridas de toros ya habían alcanzado todo su apogeo y esplendor.

Ciudad Real, no estuvo de espaldas al florecimiento de este espectáculo, que fue tan del gusto de la nobleza como de las clases trabajadoras. Y desde los últimos años del siglo XVI y primeros del XVII, se celebraban “Funciones de toros” tanto de carácter ordinario ( las que se celebraban todos los años en fecha determinada) como las de carácter extraordinario.

Así tenemos como Ciudad Real celebraba en su Plaza Mayor, festejos taurinos los días 15 y 16 de agosto. El día 15 de Agosto, festividad de la patrona de la ciudad “Nuestra Señora del Prado”, la ciudad celebraba en su honor un festejo taurino; y al día siguiente, festividad de San Roque, también se celebraba otro festejo, pero en este caso, en cumplimiento de un antiguo voto de la ciudad a este Santo, en agradecimiento por su intercesión, cuando la peste, en cualquiera de sus manifestaciones comenzó a atacar al vecindario de Ciudad Real, quienes encomendaron sus oraciones y ruegos a San Roque, reconocido e instituido interceptor eficaz contra tan mortífera dolencia.

Existe constancia de las corridas de toros que se celebraron en Ciudad Real en Agosto de los años 1612, 1619, 1622, 1625 etc. Precisamente en el libro de actas del Ayuntamiento capitalino, consta que en el año 1619, debido a que las arcas municipales estaban muy mermadas, con lo cual no podían hacer frente a los cuantiosos gastos que originaban las corridas de toros, Don Fernando Treviño ofreció dos toros para la fiesta de Nuestra Señora del Prado y Don Alonso de Céspedes ofreció igualmente otros dos toros. Todo ello para evitar que Ciudad Real se quedase sin festejos taurinos en fechas tan señaladas.

Como decía el dicho popular por aquella época: “No hay feria sin toros”, Ciudad Real que tenía una prestigiosa feria de ganado, también gozaba de la fama de buenas corridas de toros; siendo estos festejos el acto profano más importante de todos los actos de la feria. Se anunciaban al amanecer con lanzamiento de pólvora. A media mañana tenía lugar el encierro de los toros que discurría desde el corral que estaba situado en la calle del Carmen ( posteriormente se encerrarían en el callejón de la Merced) hasta los toriles situados junto a la Plaza Mayor.

Los festejos taurino van evolucionando, a finales del siglo XVIII entran en escena “los picadores”, los caballeros nobles van siendo sustituidos por toreros a pie. La fiesta tiene momentos de esplendor y momentos que sufre prohibiciones, etc. Pero la fiesta ya había arraigado en la población y no era fácil eliminarla de un plumazo.

En Ciudad Real además de los festejos de carácter ordinario que hemos citado, también se celebraban otros muchos de carácter extraordinario, como el que tuvo lugar en el año 1732, para recaudar fondos y destinarlos a los gastos que se ocasionasen en el dorado del Retablo de la parroquia de Santiago.

Todos los festejos taurinos que se realizaban en Ciudad Real tenían lugar en su Plaza Mayor, donde de antemano todas las autoridades, tanto civiles, militares y eclesiásticas, tenían reservados sus sitiales, existiendo algunos pleitos por no respetar debidamente estos aposentos.

En el año 1844 Ciudad Real inauguró su primera Plaza de Toros, ya por esa fecha, eran muy conocidas y afamadas las corridas de toros de Ciudad Real, tradición y fama que fue en aumento según pasaban los años. La animación y bullicio que había en Ciudad Real cada vez que se anunciaban festejos taurinos era conocida en toda la provincia.

Como ejemplo de lo acabado de indicar, basta señalar que en el año 1926 ( al igual que otros muchos años anteriores y posteriores) se ponía un tren especial que partiendo de Manzanares a las 11,45 horas, tenía parada entre otros pueblos en Daimiel, Almagro, Miguelturra, llegando a Ciudad Real a las 13,25 horas, con el fin de asistir a sus corridas de toros. El regreso se efectuaba una vez acaba la corrida en el “correo” que salía de Ciudad Real a las 21,30 horas.

La celebración de corridas de toros en Ciudad Real, coincidiendo con sus ferias y fiestas, ha sido una costumbre que no ha desaparecido, sigue siendo el acto profano central del programa ferial, aunque sí han cambiado las fechas, ya no se celebran como era tradicional el día 15 y 16 de Agosto, sino que se anuncian a lo largo de la semana festiva.